Questo itinerario vi porterà alla scoperta del Museo della Macchina per Caffè di Cimbali Group in occasione delle Giornate FAI d’Autunno che, grazie al Fondo Ambiente Italiano, permettono di accedere a luoghi della cultura, dell’arte e della bellezza italiana. Un evento amato e atteso che il FAI dedica, da tredici anni, al patrimonio culturale e paesaggistico del nostro Paese.
¡Bienvenidos al MUMAC para esta visita especial! Hoy pueden visitar el Museo de la Máquina de Café de Cìmbali Group con motivo de las Jornadas FAI de Otoño que, gracias al Fondo Ambiente Italiano, permiten acceder a lugares de la cultura, el arte y la belleza italiana. Un evento querido y esperado que el FAI dedica, desde hace trece años, al patrimonio cultural y paisajístico de nuestro país. Probablemente hayan escuchado o escucharán una breve introducción al museo por parte de Barbara Foglia, MUMAC Director, y de Enrico Maltoni, el más importante coleccionista del mundo de máquinas de café espresso profesionales y co-creador del MUMAC, hoy presente para la ocasión. Por este motivo, el uso de esta APP con la visita dedicada a las Jornadas FAI les permitirá entrar directamente en el mundo y la historia de las máquinas de café espresso profesionales, permitiéndoles, desde el momento en que traspasen el umbral de la primera sala del museo, sumergirse directamente en un viaje en el tiempo: ¡buena visita! El museo nació en 2012, y fue creado con motivo del centenario de la fundación de la empresa, ocurrida en 1912 por parte de Giuseppe Cìmbali en Milán. Se trata de la más grande exposición permanente dedicada a la historia, al mundo y a la cultura de las máquinas profesionales para café espresso: un lugar inesperado, apasionante y único.
¡Bienvenidos al MUMAC para esta visita especial! Hoy pueden visitar el Museo de la Máquina de Café de Cìmbali Group con motivo de las Jornadas FAI de Otoño que, gracias al Fondo Ambiente Italiano, permiten acceder a lugares de la cultura, el arte y la belleza italiana. Un evento querido y esperado que el FAI dedica, desde hace trece años, al patrimonio cultural y paisajístico de nuestro país. Probablemente hayan escuchado o escucharán una breve introducción al museo por parte de Barbara Foglia, MUMAC Director, y de Enrico Maltoni, el más importante coleccionista del mundo de máquinas de café espresso profesionales y co-creador del MUMAC, hoy presente para la ocasión. Por este motivo, el uso de esta APP con la visita dedicada a las Jornadas FAI les permitirá entrar directamente en el mundo y la historia de las máquinas de café espresso profesionales, permitiéndoles, desde el momento en que traspasen el umbral de la primera sala del museo, sumergirse directamente en un viaje en el tiempo: ¡buena visita! El museo nació en 2012, y fue creado con motivo del centenario de la fundación de la empresa, ocurrida en 1912 por parte de Giuseppe Cìmbali en Milán. Se trata de la más grande exposición permanente dedicada a la historia, al mundo y a la cultura de las máquinas profesionales para café espresso: un lugar inesperado, apasionante y único.
Aquí estamos en la primera Sala. Estamos en Italia entre finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo XX. Las fotos en las paredes, el gran mostrador, las máquinas, las imágenes publicitarias nos cuentan que estamos en un momento de gran fermento e innovación. La revolución industrial, la máquina a vapor, el tren acortan las distancias hacia las novedades y el futuro. Es en este período de invenciones y fermento que nace el café espresso. ¿Pero dónde nace? Muchos piensan que nace en Nápoles y, en cambio, si partimos del supuesto de que el café espresso nace de las máquinas que por primera vez lo producen, encuentra su origen entre Turín y Milán. En realidad, en Turín se realiza lo que podríamos definir como la antecesora de la máquina para café espresso. Se trata efectivamente de una máquina para café "instantáneo" de la cual, aquí, tenemos una reproducción realizada en los Talleres Maltoni sobre la base de la patente original. Es la máquina que encuentran entrando a la izquierda, fiel reproducción de aquella patentada y realizada en Turín por Angelo Moriondo y, de la cual, en 1884, habla la «Gazzetta Piemontese», anunciando el nacimiento de una «hermosísima máquina para hacer café». La invención del turinés, aunque todavía lejos de la elaboración de las primeras máquinas para espresso, tiene el mérito, por primera vez, de producir la bebida gracias al uso del vapor y de ofrecer una bebida de calidad a los cada vez más numerosos aficionados. La extracción a través del vapor permite obtener una bebida ya no por percolación o por infusión, como ocurría hasta ese momento, sino mediante la presión del agua llevada a ebullición. Sin embargo, este café todavía no puede definirse como "espresso", es decir, hecho al momento y bajo pedido expreso del cliente, ya que se produce en grandes cantidades y no en dosis individuales. Como pueden ver, esos grandes recipientes laterales permiten a la máquina producir mucho café al mismo tiempo y mantenerlo caliente para el suministro a los numerosos clientes que se turnaban en el Gran Caffè Ligure de la familia Moriondo, situado cerca de la estación de Porta Nuova. Cuando los viajeros bajaban del tren que llegaba a la estación, se dirigían al Café y se turnaban numerosos para disfrutar de una excelente bebida caliente que los esperaba lista para el consumo. En el Gran Caffè Ligure de la familia Moriondo, nada menos que dos de estas máquinas, patentadas pero nunca comercializadas, se lucían para el servicio público de "café instantáneo", como lo definió el propio Moriondo: en efecto, el café así producido y extraído en cantidad todavía no resulta preparado "taza por taza", concepto que subyace al término "espresso". Para entender el concepto de "espresso" como café producido al momento, fresco y rápidamente para el cliente, hay que esperar otra máquina, la que se encuentra a su derecha, la máquina Ideale de la firma Desiderio Pavoni, la primera verdadera máquina para café espresso. Su nacimiento está en realidad conectado a la invención, en 1901, por parte del milanés Luigi Bezzera, del grupo erogador individual presente en la máquina. Miren el portafiltro de uno o dos picos y el sistema de acople al cuerpo central de la máquina: ¿no les parece que ya eran muy similares a los de hoy? El grupo erogador que produce el café "taza por taza", de hecho, marca el nacimiento del café espresso, entendido como café realizado especialmente, es decir, al momento y de manera rápida, bajo pedido expreso del cliente. Pero este café, aunque "espresso", era muy diferente del que estamos acostumbrados hoy: también era, como el de Moriondo, producido con vapor, por lo que resultaba más bien quemado, hirviendo y negro, sin crema, característica que llegaría más de cuatro décadas después. La invención del grupo erogador, aplicada a las máquinas producidas por el milanés Desiderio Pavoni, se presenta al público por primera vez en la Exposición Internacional de Milán de 1906 en el stand de Luigi Bezzera y, desde ese momento, el sector despega. Ahora, dense vuelta. Miren la gran foto en el panel divisorio marrón: están retratados los obreros de un taller en el cual está presente la figura de la que parte, en cambio, la historia de Cìmbali Group. Un joven Giuseppe Cìmbali, retratado de pie a la izquierda con los brazos cruzados y la mirada directa y orgullosa hacia nosotros, en esos años ya es pionero entre los pioneros. En efecto, esta foto es un documento histórico con una leyenda que nos cuenta una historia: en 1905, Giuseppe Cìmbali ya estaba activo en el sector, precisamente en la realización de esas máquinas que, por primera vez, serían presentadas, poco después, al mundo. Aquí comienza su historia: desde un aprendizaje en un pequeño taller, al trabajo en un sector en el que se convertirá en orgulloso protagonista en los años siguientes. En efecto, en 1912, funda su primer taller y oficina en via Caminadella, en el centro de Milán, para la producción de calderas para las máquinas de café producidas por otros y, posteriormente, en los años '30, para su propia producción de máquinas. Ahora, miren la sala frente a ustedes y desplácense a la izquierda de la pared divisoria: en la pared, pueden ver algunas fotos y documentos. En la parte central pueden ver la fotografía del stand Bezzera en la Exposición de Milán de 1906 de la que hablamos antes y descubrir, en detalle, precisamente al señor Luigi en primer plano, apoyado en el mostrador, cerca de un cartel que sanciona su colaboración con Pavoni. Las fotos que cubren toda la pared, en cambio, nos muestran una imagen de la Exposición Internacional con globos aerostáticos listos para volar, la Galleria Vittorio Emanuele con sus locales históricos y uno de los primeros autos que comenzaban a circular por la ciudad, devolviéndonos una época de gran fermento y elegancia. Ahora unas palabras sobre cómo se manejaban las máquinas. Dijimos que se trata de verdaderas máquinas a vapor que podían alimentarse con gas, electricidad, pero también con leña o carbón. Para garantizar su seguridad de uso debían ser manejadas por maquinistas con licencia para mantener bajo control el vapor y la presión y evitar que explotaran. En cuanto al estilo, recordemos que todas las máquinas son hijas de su época y vinculan, desde entonces en adelante, de manera indisoluble, estilo y diseño industrial en un lenguaje armónico. En este período, las máquinas erogadoras de un café oscuro, hirviendo y sin crema, muy lejos del espresso comúnmente conocido hoy, tienen forma de columna y retoman el estilo liberty o art nouveau: líneas curvas y sinuosas, esmaltes, decoraciones exóticas de temática vegetal, inspiradas en la casi desconocida planta del café, caracterizan las máquinas de los inicios hasta el período racionalista. De aquí en adelante y durante décadas, las máquinas son protagonistas indiscutidas en los lujosos mostradores de los cafés. Aquí pueden ver una original de 1929, y de los american bar de la época. Las máquinas reflejan el estilo de la época, como un producto del ingenio italiano que pronto trasciende las fronteras nacionales, una vez más gracias en particular a un turinés, Pier Teresio Arduino, quien, en los años '20, con sus máquinas da inicio a la exportación del "made in Italy" del sector. Ahora pueden pasar a la segunda sala.
Aquí estamos en la primera Sala. Estamos en Italia entre finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo XX. Las fotos en las paredes, el gran mostrador, las máquinas, las imágenes publicitarias nos cuentan que estamos en un momento de gran fermento e innovación. La revolución industrial, la máquina a vapor, el tren acortan las distancias hacia las novedades y el futuro. Es en este período de invenciones y fermento que nace el café espresso. ¿Pero dónde nace? Muchos piensan que nace en Nápoles y, en cambio, si partimos del supuesto de que el café espresso nace de las máquinas que por primera vez lo producen, encuentra su origen entre Turín y Milán. En realidad, en Turín se realiza lo que podríamos definir como la antecesora de la máquina para café espresso. Se trata efectivamente de una máquina para café "instantáneo" de la cual, aquí, tenemos una reproducción realizada en los Talleres Maltoni sobre la base de la patente original. Es la máquina que encuentran entrando a la izquierda, fiel reproducción de aquella patentada y realizada en Turín por Angelo Moriondo y, de la cual, en 1884, habla la «Gazzetta Piemontese», anunciando el nacimiento de una «hermosísima máquina para hacer café». La invención del turinés, aunque todavía lejos de la elaboración de las primeras máquinas para espresso, tiene el mérito, por primera vez, de producir la bebida gracias al uso del vapor y de ofrecer una bebida de calidad a los cada vez más numerosos aficionados. La extracción a través del vapor permite obtener una bebida ya no por percolación o por infusión, como ocurría hasta ese momento, sino mediante la presión del agua llevada a ebullición. Sin embargo, este café todavía no puede definirse como "espresso", es decir, hecho al momento y bajo pedido expreso del cliente, ya que se produce en grandes cantidades y no en dosis individuales. Como pueden ver, esos grandes recipientes laterales permiten a la máquina producir mucho café al mismo tiempo y mantenerlo caliente para el suministro a los numerosos clientes que se turnaban en el Gran Caffè Ligure de la familia Moriondo, situado cerca de la estación de Porta Nuova. Cuando los viajeros bajaban del tren que llegaba a la estación, se dirigían al Café y se turnaban numerosos para disfrutar de una excelente bebida caliente que los esperaba lista para el consumo. En el Gran Caffè Ligure de la familia Moriondo, nada menos que dos de estas máquinas, patentadas pero nunca comercializadas, se lucían para el servicio público de "café instantáneo", como lo definió el propio Moriondo: en efecto, el café así producido y extraído en cantidad todavía no resulta preparado "taza por taza", concepto que subyace al término "espresso". Para entender el concepto de "espresso" como café producido al momento, fresco y rápidamente para el cliente, hay que esperar otra máquina, la que se encuentra a su derecha, la máquina Ideale de la firma Desiderio Pavoni, la primera verdadera máquina para café espresso. Su nacimiento está en realidad conectado a la invención, en 1901, por parte del milanés Luigi Bezzera, del grupo erogador individual presente en la máquina. Miren el portafiltro de uno o dos picos y el sistema de acople al cuerpo central de la máquina: ¿no les parece que ya eran muy similares a los de hoy? El grupo erogador que produce el café "taza por taza", de hecho, marca el nacimiento del café espresso, entendido como café realizado especialmente, es decir, al momento y de manera rápida, bajo pedido expreso del cliente. Pero este café, aunque "espresso", era muy diferente del que estamos acostumbrados hoy: también era, como el de Moriondo, producido con vapor, por lo que resultaba más bien quemado, hirviendo y negro, sin crema, característica que llegaría más de cuatro décadas después. La invención del grupo erogador, aplicada a las máquinas producidas por el milanés Desiderio Pavoni, se presenta al público por primera vez en la Exposición Internacional de Milán de 1906 en el stand de Luigi Bezzera y, desde ese momento, el sector despega. Ahora, dense vuelta. Miren la gran foto en el panel divisorio marrón: están retratados los obreros de un taller en el cual está presente la figura de la que parte, en cambio, la historia de Cìmbali Group. Un joven Giuseppe Cìmbali, retratado de pie a la izquierda con los brazos cruzados y la mirada directa y orgullosa hacia nosotros, en esos años ya es pionero entre los pioneros. En efecto, esta foto es un documento histórico con una leyenda que nos cuenta una historia: en 1905, Giuseppe Cìmbali ya estaba activo en el sector, precisamente en la realización de esas máquinas que, por primera vez, serían presentadas, poco después, al mundo. Aquí comienza su historia: desde un aprendizaje en un pequeño taller, al trabajo en un sector en el que se convertirá en orgulloso protagonista en los años siguientes. En efecto, en 1912, funda su primer taller y oficina en via Caminadella, en el centro de Milán, para la producción de calderas para las máquinas de café producidas por otros y, posteriormente, en los años '30, para su propia producción de máquinas. Ahora, miren la sala frente a ustedes y desplácense a la izquierda de la pared divisoria: en la pared, pueden ver algunas fotos y documentos. En la parte central pueden ver la fotografía del stand Bezzera en la Exposición de Milán de 1906 de la que hablamos antes y descubrir, en detalle, precisamente al señor Luigi en primer plano, apoyado en el mostrador, cerca de un cartel que sanciona su colaboración con Pavoni. Las fotos que cubren toda la pared, en cambio, nos muestran una imagen de la Exposición Internacional con globos aerostáticos listos para volar, la Galleria Vittorio Emanuele con sus locales históricos y uno de los primeros autos que comenzaban a circular por la ciudad, devolviéndonos una época de gran fermento y elegancia. Ahora unas palabras sobre cómo se manejaban las máquinas. Dijimos que se trata de verdaderas máquinas a vapor que podían alimentarse con gas, electricidad, pero también con leña o carbón. Para garantizar su seguridad de uso debían ser manejadas por maquinistas con licencia para mantener bajo control el vapor y la presión y evitar que explotaran. En cuanto al estilo, recordemos que todas las máquinas son hijas de su época y vinculan, desde entonces en adelante, de manera indisoluble, estilo y diseño industrial en un lenguaje armónico. En este período, las máquinas erogadoras de un café oscuro, hirviendo y sin crema, muy lejos del espresso comúnmente conocido hoy, tienen forma de columna y retoman el estilo liberty o art nouveau: líneas curvas y sinuosas, esmaltes, decoraciones exóticas de temática vegetal, inspiradas en la casi desconocida planta del café, caracterizan las máquinas de los inicios hasta el período racionalista. De aquí en adelante y durante décadas, las máquinas son protagonistas indiscutidas en los lujosos mostradores de los cafés. Aquí pueden ver una original de 1929, y de los american bar de la época. Las máquinas reflejan el estilo de la época, como un producto del ingenio italiano que pronto trasciende las fronteras nacionales, una vez más gracias en particular a un turinés, Pier Teresio Arduino, quien, en los años '20, con sus máquinas da inicio a la exportación del "made in Italy" del sector. Ahora pueden pasar a la segunda sala.
La sala del primer periodo de posguerra se distingue claramente de la anterior por el estilo de las máquinas, que refleja la corriente racionalista de la época.
La sala del primer periodo de posguerra se distingue claramente de la anterior por el estilo de las máquinas, que refleja la corriente racionalista de la época. Después de la Primera Guerra Mundial y del crac de Wall Street de 1929, los países occidentales sufren graves problemas en todos los aspectos de la vida económica, productiva y social, con graves consecuencias. Con la crisis financiera estadounidense se reducen drásticamente a escala mundial todos los indicadores económicos que miden el estado de bienestar y de progreso de la economía de los países. Cada estado busca de manera autónoma contener la crisis mediante el proteccionismo económico. Para proteger las producciones internas se ponen en marcha las primeras producciones autárquicas, realizadas exclusivamente con materias primas locales. Es un periodo difícil, complejo, de forzado inmovilismo que lleva también a Italia a hundirse en un régimen que prevé planes de intervención estatal, guerras coloniales y autarquía. En este contexto, toda la industria italiana, con excepción de la bélica, sufre un parón. Pero el mundo de la máquina de café, en su nicho constituido por los pocos consumidores que podían aspirar a este lujo, continúa su recorrido bajo el impulso de una interesante paradoja. Si bien a nivel nacional el consumo disminuye, en correspondencia con las grandes realidades urbanas se registran verdaderos picos de consumo, dictados por la concentración de clientes acomodados que no quieren renunciar a un verdadero espresso. Así, los locales públicos crecen y se convierten en lugares de encuentro y de cultura. El sector de las máquinas de café conoce un parón tecnológico (todavía funcionan a vapor), pero se sigue reuniendo en torno al rito de la tacita de espresso preparada en la barra y servida en la mesa. Detengámonos ahora en algunos detalles de la sala y en algunas máquinas. La primera máquina a considerar es también la primera producida por La Cìmbali. Giuseppe Cìmbali introduce en este periodo en el mercado su primera máquina de café, La Rapida de desarrollo vertical: la producción comienza gracias a la adquisición de una pequeña empresa cliente en crisis, la S.I.T.I., que permite al señor Giuseppe iniciar su propia producción con un nuevo logotipo: un triángulo que contiene las letras OCG (Officina Cìmbali Giuseppe). La máquina se encuentra al inicio de la sala junto a un póster publicitario de las variantes de modelo realizadas, entre las que se incluye también una a carbón. En la pared de la derecha se encuentran instaladas tres vitrinas a través de las cuales es posible ver el recorrido histórico de una parte fundamental de las máquinas de café: el portafiltro. Un conjunto de portafiltros expuestos en orden cronológico nos permite apreciar los cambios ocurridos con el tiempo y necesariamente vinculados al desarrollo tecnológico de las máquinas. A principios del siglo XX, el portafiltro para la extracción de un solo café aparece mucho más capaz que uno actual (la materia prima que se necesitaba para un espresso extraído a vapor era aproximadamente el doble de la necesaria hoy). Además, tenía orificios más amplios ya que la molienda del café era más gruesa que la de hoy, con una granulometría que permitía que la baja presión del vapor atravesara fácilmente la capa de café. Los distintos portafiltros nos muestran cómo, hoy, el de dos tazas es de menor tamaño y cómo, al mismo tiempo, los orificios se han vuelto más numerosos y pequeños, ya que la extracción a la presión que permiten las tecnologías actuales permite extraer lo mejor de la materia prima, ofreciendo a la alta presión una barrera más compacta que atravesar. A principios de los años cuarenta, aunque la tecnología permanece invariada, algo comienza a cambiar en las formas: las máquinas verticales empiezan a volverse horizontales y el rendimiento mejora: con los grupos de erogación colocados todos en el mismo lado, un solo operador puede gestionar, permaneciendo "cómodamente" en la misma posición, la preparación de varios cafés, volviéndose así más rápido y eficiente. Aparece también otro accesorio antes imposible de tener en las máquinas verticales, a menudo dotadas incluso de cúpulas: el calientatazas, que atestigua el creciente cuidado por todas las fases de la preparación del espresso. El espacio, generalmente obtenido encima o al lado de la caldera colocada horizontalmente, encuentra su funcionalidad aprovechando el calor: desde entonces el espresso ya no podrá prescindir de una tacita bien caliente. En esta sala, en el centro se pueden ver algunas máquinas colocadas una tras otra sobre una larga fila de paralelepípedos de mármol blanco: si las observan bien, parecen constituir una verdadera locomotora, donde la primera máquina delante, La Cìmbali Ala, se asemeja mucho, en los grupos de erogación, al puesto... ¡de un conductor de tranvía de Milán! Mientras que, si observan la última de la fila, una imponente San Marco 900, descubrirán un pequeño hornillo donde se colocaban los trozos de carbón para alimentar la máquina, ¡tal como en las calderas de los trenes de vapor! Se trata de una máquina híbrida del periodo autárquico, que puede funcionar también a gas y a electricidad, creada para suplir la dificultad de acceso a las fuentes energéticas y el racionamiento de las materias primas. Es el periodo en que las clases más acomodadas se permiten el consumo del café "verdadero" (mercancía cada vez más rara) en los locales, mientras que las más populares deben contentarse con sucedáneos o sustitutos de la mucho más preciada materia prima, con "espressos" a base de achicoria, cebada, centeno, bellotas, higos. Quien puede paga un precio más alto por no renunciar a un placer que se está convirtiendo cada vez más en un verdadero rito cotidiano. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial muchas industrias se convierten a la producción para las actividades bélicas y gran parte de la inventiva italiana inevitablemente se detiene, aplazando soluciones tecnológicas nuevas que deben esperar tiempos mejores. Una de estas afectará de manera revolucionaria a la máquina de café, pero deberá pasar casi una década antes de realizarse. Pero hablaremos de ello en la próxima sala. Antes, sin embargo, en esta sala, detenganse en la última máquina de la sala: la D.P. 47 diseñada por Gio Ponti para Pavoni. De esta máquina existen solo dos ejemplares en el mundo: uno es propiedad de un coleccionista privado, mientras que este expuesto en el Mumac es el único siempre visible al público. Se trata de uno de los primeros modelos de desarrollo horizontal. Se conoce como "la Cornuta" por la particular forma de los surtidores colocados encima del cuerpo central cilíndrico. Se trata de una verdadera obra maestra de diseño: perfecta combinación de formas escultóricas e innovación tecnológica, es una de las piezas más preciadas para los coleccionistas del sector, considerada todavía hoy la máquina de café más bella del mundo. Fue encontrada fortuitamente en un hotel abandonado del litoral romano y, tras una larga restauración realizada por las Officine Maltoni, es hoy una de las máquinas más solicitadas para préstamos nacionales e internacionales (ha estado en el Musée des Arts Décoratifs del Louvre en París, en la Triennale de Milán, en el Deutsches Museum de Múnich). A pesar de su belleza inigualable, la Cornuta nace sin embargo con la tecnología a vapor en un momento de transición hacia un nuevo método de extracción que pronto desplazará a todos los demás: la palanca. Para descubrir la nueva tecnología, pueden pasar a la tercera sala.
Justo al entrar pueden ver en el expositor de la izquierda un pistón cortado, colocado cerca de una máquina de café horizontal con dos calderas. Se trata de la nueva revolución tecnológica con la que finalmente se llega al café espresso como lo conocemos hoy: con la “crema”. Es la máquina Gàggia Classica dotada del mecanismo “de palanca”, del cual ya en 1936, Rosetta Scorza viuda Cremonese había depositado una patente titulada «Grifo de pistón para máquina de café espresso».
Justo al entrar pueden ver en el expositor de la izquierda un pistón cortado, colocado cerca de una máquina de café horizontal con dos calderas. Se trata de la nueva revolución tecnológica con la que finalmente se llega al café espresso como lo conocemos hoy: con la “crema”. Es la máquina Gàggia Classica dotada del mecanismo “de palanca”, del cual ya en 1936, Rosetta Scorza viuda Cremonese había depositado una patente titulada «Grifo de pistón para máquina de café espresso». Achille Gàggia, casi desconocido barista milanés, adquiere la invención, experimentándola dentro de su Bar Achille, y posteriormente desarrolla su propia patente, exponiéndola por primera vez en la feria Campionaria de Milán de 1939. Se trata del grupo dispensador de la crema de café (publicitado como sistema «Lampo, el único compresor para café que funciona sin vapor»). Sin embargo, a causa de la guerra todo se interrumpe. Al final del conflicto, se asiste a un momento único de la historia de Italia de recuperación económica y social orientada a la innovación. El bar se convierte en lugar de reunión y compartir, ya no destinado a una élite sino punto de encuentro ideal para todos, consagrando el café en el bar como rito social que trasciende las distinciones de clase. En la ola del bienestar y la despreocupación que atraviesan Italia después de los años oscuros de la guerra, los bares se convierten en lugares cada vez más concurridos y vividos. La gente también se reúne para ver la televisión, instrumento de reunión y cambio social, aún poco frecuente en los hogares de los italianos. O se aprovecha el momento del café para hojear el periódico, para discutir de deporte y política, para pasar el tiempo en compañía, para dar en definitiva concreción a ese concepto de “tiempo libre” que solo algunos años antes era completamente desconocido para la mayoría de la población. La verdadera revolución en las máquinas de café espresso, en efecto, es la invención de la palanca. En 1948, finalmente se pone en producción, por Achille Gàggia, el modelo Classica. Para la producción de la máquina, Gàggia se dirige a los talleres FAEMA de Carlo Ernesto Valente, quien había abierto algunos años antes su Fabbrica Apparecchiature Elettro Meccaniche e Affini. La máquina, dotada de dos calderas, permite, gracias a la palanca, disponer de alta presión y agua a una temperatura inferior a los cien grados, sin generación de vapor. El resultado es extraordinario: la bebida se dispensa ahora en poco más de treinta segundos, todos los sabores a quemado causados por el uso del vapor han desaparecido y por primera vez se produce la crema de café, de ahora en adelante inseparable del concepto de espresso consumido en el bar. Si, para el consumidor de café de hoy, crema y espresso son un concepto único, en aquella época esta fue una novedad de considerable magnitud, tanto que en las máquinas se destacaba la inscripción «Crema de café natural funciona sin vapor» para invitar a los clientes a probarla. La carrera de todas las empresas del sector hacia la realización de nuevas máquinas aptas para la extracción de un café crema espresso lleva primero a FAEMA, con su Saturno, y luego a La Cìmbali, con la Gioiello, a extraer, mediante palanca y sin vapor, los aceites esenciales del café que, con sus aromas, confieren plenitud al sabor de la bebida y, con su emulsión, originan la crema típica del espresso. La nueva tecnología eleva el espresso a culto y transforma la figura del “maquinista”, aquel que antes accionaba la máquina de café gracias a su licencia de fogonero, en “banconista”, es decir, experto usuario de la máquina de palanca, entonces colocada sobre el mostrador, frente al cliente. El espresso adquiere nombres nuevos, en función de la empresa que produce las máquinas. Las inscripciones en los frontales de las máquinas se diferencian por marca, como bien pueden ver en esta sala. En la Gàggia, se encuentra la inscripción Crema de café natural. En la imponente máquina expuesta al lado, se indica “Infusión Hidrocomprimida de Café”. Se trata de la Faema Saturno, la primera máquina de palanca producida por Valente después de la separación de Gàggia y pieza única en el mundo. Pero por encima de todos, en estos años, se impone un nuevo término que pronto identificará al espresso italiano en el mundo: Cìmbalìno. El término se acuña con el lanzamiento de la primera máquina de palanca de La Cìmbali, la Gioiello, presentada dentro de un cofre justamente como una joya en la Feria de Milán de 1950. También La Cìmbali Gioiello está expuesta aquí, un poco más adelante en el mostrador blanco: cerca de la máquina encuentran también la típica publicidad de la época para el Cìmbalìno y, detrás, una minuciosa reproducción en miniatura de la máquina. Si continúan siguiendo el largo expositor blanco, pueden encontrar una de las máquinas más imponentes producidas, La Cìmbali Granluce de 1956, pero también muchos otros modelos interesantes y dignos de mención: La San Marco Lollobrigida, La Pavoni Concorso diseñada por Bruno Munari y Enzo Mari y rebautizada Diamante por su característica forma, La Cambi Olìmpia dedicada a las Olimpiadas de Invierno de Cortina de 1956 y muchas otras. En el centro de la sala, hay también un mostrador de época de la marca Faema donde es posible revivir el ambiente de un bar de los años 50. Ahora, doblen la esquina y entren a la próxima sala.
Estamos entre los años 60 y 70. De las dos ruedas a los autos deportivos, de la pobreza a la riqueza, de la ropa remendada a la ropa de moda, son los años del boom económico y del bienestar generalizado. Años en que, de los triunfos de Coppi y Bàrtali de las décadas anteriores, héroes de un país pobre y rural y de una nación aún por inventar, se pasa a Merckx, el primer ciclista moderno. Del campeón (y de la camiseta FAEMA que él usaba) se habla en los bares, donde la gente se reúne para discutir las noticias reportadas por la «Gazzetta» y la radio, luego por la tv. Café y ciclismo, un binomio indisoluble que perdura aún hoy. En esta sala pueden encontrar algunas reliquias del período más glorioso de la historia ciclística del equipo Faema, equipo que ganó, en su período dorado, todo lo que se podía ganar. En estos años, comienza la verdadera industrialización del sector de las máquinas de café, que se vuelven estandarizadas y fácilmente ensamblables en línea de montaje. La producción pasa de artesanal a industrial. La década se abre con una novedad introducida por FAEMA: se trata del lanzamiento de una máquina de café verdaderamente innovadora, que encuentran entrando a la sala a la izquierda. Es el modelo Tartaruga (TRR), la llamada «máquina de erogación continua» de 1960, que, al año siguiente, evoluciona en el modelo E61 (nombre dado con ocasión del eclipse de sol ocurrido ese año en Italia). La máquina, que pueden ver en dos versiones de dos y cuatro grupos con su frontal reconocible y distintivo, se ha convertido en un ícono en el mundo de los bares por la estética y calidad del café erogado. Sigue siendo solicitada y producida hoy, también porque la invención de la electrobomba volumétrica, además de influir positivamente en la extracción de la bebida con la crema, permite al operador un notable ahorro de esfuerzo. Todo el trabajo pesado y peligroso requerido hasta entonces para las maniobras que había que realizar sobre el pistón y la palanca, se sustituye por el simple uso de una palanquita que aligera y simplifica el trabajo del o de la barista. Frente a la e61, pueden ver en cambio otra máquina digna de mención; La Cìmbali Pitàgora, diseñada en 1962 por los hermanos Achille y Pier Giacomo Castiglioni, arquitectos y diseñadores, que son galardonados por este proyecto con el Compasso d'Oro: por primera y única vez en la historia, una máquina de café espresso profesional se lleva el prestigioso reconocimiento. En la vitrina al inicio del pasillo tienen la posibilidad de ver el Premio y algunos documentos relacionados con la premiación, entre ellos, la motivación del jurado. Para la producción de Pitàgora y para satisfacer las necesidades de un espacio más amplio y adecuado para la producción en serie, La Cìmbali se traslada en esos años de Milán a Binasco. Pero los años siguientes son años difíciles, que pasaron a la historia como los Años de Plomo. El gris de la década se compensa paradójicamente con las nuevas formas, materiales y colores que se imponen también en las máquinas de café. En el ámbito del diseño la cultura pop se impone, introduciendo en todos los sectores colores llamativos orientados a expresar una explosiva afirmación de sí mismo. La última gran revolución que afecta al sector de las máquinas de café es la menos elaborada, si se quiere, pero sin duda de mayor impacto en los consumidores: un nuevo punto de vista, un cambio de relación. El trabajo y la sociedad imponen ritmos cada vez más frenéticos, el café se consume al vuelo y se favorece una mayor productividad de la barra, con más espacio para atender a los clientes. Las máquinas quedan confinadas al espacio detrás de la barra, obligando al barista a dar la espalda al cliente durante la preparación. La relación pierde profundidad, aquella que en las décadas anteriores facilitaba un consumo lento y "social", garantía de una calidad de intercambio barista/cliente mucho más significativa que el simple servicio. Es solo un desplazamiento de unos metros, que sin embargo marca un giro histórico: la estética cambia totalmente, la investigación se concentra en los grupos de erogación, los volúmenes se reducen y tienden a la compacidad. Expuesta aquí, casi al fondo de la sala, una máquina roja atrae la atención: La Cìmbali M15, diseñada por Rodolfo Bonetto, anticipa esta tendencia. Es el primer modelo que adopta una forma de los costados en "C" para permitir compactar los volúmenes garantizando al mismo tiempo más espacio de maniobra lateral al barista. La característica "C" lateral se convierte así en símbolo icónico de la marca LaCìmbali desde los años 70, un elemento de diseño que encarna tradición e innovación, haciendo inmediatamente reconocible la marca. Ahora pueden acceder a la próxima sala.
Estamos entre los años 60 y 70. De las dos ruedas a los autos deportivos, de la pobreza a la riqueza, de la ropa remendada a la ropa de moda, son los años del boom económico y del bienestar generalizado. Años en que, de los triunfos de Coppi y Bàrtali de las décadas anteriores, héroes de un país pobre y rural y de una nación aún por inventar, se pasa a Merckx, el primer ciclista moderno. Del campeón (y de la camiseta FAEMA que él usaba) se habla en los bares, donde la gente se reúne para discutir las noticias reportadas por la «Gazzetta» y la radio, luego por la tv. Café y ciclismo, un binomio indisoluble que perdura aún hoy. En esta sala pueden encontrar algunas reliquias del período más glorioso de la historia ciclística del equipo Faema, equipo que ganó, en su período dorado, todo lo que se podía ganar. En estos años, comienza la verdadera industrialización del sector de las máquinas de café, que se vuelven estandarizadas y fácilmente ensamblables en línea de montaje. La producción pasa de artesanal a industrial. La década se abre con una novedad introducida por FAEMA: se trata del lanzamiento de una máquina de café verdaderamente innovadora, que encuentran entrando a la sala a la izquierda. Es el modelo Tartaruga (TRR), la llamada «máquina de erogación continua» de 1960, que, al año siguiente, evoluciona en el modelo E61 (nombre dado con ocasión del eclipse de sol ocurrido ese año en Italia). La máquina, que pueden ver en dos versiones de dos y cuatro grupos con su frontal reconocible y distintivo, se ha convertido en un ícono en el mundo de los bares por la estética y calidad del café erogado. Sigue siendo solicitada y producida hoy, también porque la invención de la electrobomba volumétrica, además de influir positivamente en la extracción de la bebida con la crema, permite al operador un notable ahorro de esfuerzo. Todo el trabajo pesado y peligroso requerido hasta entonces para las maniobras que había que realizar sobre el pistón y la palanca, se sustituye por el simple uso de una palanquita que aligera y simplifica el trabajo del o de la barista. Frente a la e61, pueden ver en cambio otra máquina digna de mención; La Cìmbali Pitàgora, diseñada en 1962 por los hermanos Achille y Pier Giacomo Castiglioni, arquitectos y diseñadores, que son galardonados por este proyecto con el Compasso d'Oro: por primera y única vez en la historia, una máquina de café espresso profesional se lleva el prestigioso reconocimiento. En la vitrina al inicio del pasillo tienen la posibilidad de ver el Premio y algunos documentos relacionados con la premiación, entre ellos, la motivación del jurado. Para la producción de Pitàgora y para satisfacer las necesidades de un espacio más amplio y adecuado para la producción en serie, La Cìmbali se traslada en esos años de Milán a Binasco. Pero los años siguientes son años difíciles, que pasaron a la historia como los Años de Plomo. El gris de la década se compensa paradójicamente con las nuevas formas, materiales y colores que se imponen también en las máquinas de café. En el ámbito del diseño la cultura pop se impone, introduciendo en todos los sectores colores llamativos orientados a expresar una explosiva afirmación de sí mismo. La última gran revolución que afecta al sector de las máquinas de café es la menos elaborada, si se quiere, pero sin duda de mayor impacto en los consumidores: un nuevo punto de vista, un cambio de relación. El trabajo y la sociedad imponen ritmos cada vez más frenéticos, el café se consume al vuelo y se favorece una mayor productividad de la barra, con más espacio para atender a los clientes. Las máquinas quedan confinadas al espacio detrás de la barra, obligando al barista a dar la espalda al cliente durante la preparación. La relación pierde profundidad, aquella que en las décadas anteriores facilitaba un consumo lento y "social", garantía de una calidad de intercambio barista/cliente mucho más significativa que el simple servicio. Es solo un desplazamiento de unos metros, que sin embargo marca un giro histórico: la estética cambia totalmente, la investigación se concentra en los grupos de erogación, los volúmenes se reducen y tienden a la compacidad. Expuesta aquí, casi al fondo de la sala, una máquina roja atrae la atención: La Cìmbali M15, diseñada por Rodolfo Bonetto, anticipa esta tendencia. Es el primer modelo que adopta una forma de los costados en "C" para permitir compactar los volúmenes garantizando al mismo tiempo más espacio de maniobra lateral al barista. La característica "C" lateral se convierte así en símbolo icónico de la marca LaCìmbali desde los años 70, un elemento de diseño que encarna tradición e innovación, haciendo inmediatamente reconocible la marca. Ahora pueden acceder a la próxima sala.
En los años ochenta, Italia vive una fase de recuperación económica y social después de las dificultades de los años setenta. Varios factores, como la reducción de los precios del petróleo, la caída del dólar, la disminución de los costos de la mano de obra, el apoyo público a las empresas y las innovaciones tecnológicas, contribuyen a este crecimiento. También las empresas públicas mejoran su situación. En 1986, Italia supera a Gran Bretaña en términos de PIB y renta per cápita. La sociedad italiana, impulsada por los jóvenes, adopta un estilo más colorido e internacional, inspirado en los ingleses y los estadounidenses, pero con una identidad propia. Moda y diseño impulsan la economía y el made in Italy se afirma en un mundo que se está volviendo cada vez más globalizado. También los fabricantes de máquinas de café se abren a los mercados internacionales, obteniendo un éxito prácticamente inmediato. Es el período en que la industria electrónica italiana, junto con la de las primeras computadoras, conquista los mercados. Lo mismo ocurre en el sector de las máquinas de café profesionales, con una elegancia, una personalidad y un estilo único, gracias a las creaciones de los principales diseñadores internacionales. Italia se vuelve cada vez más representativa como expresión de estilo y bien vivre, donde el ritual del café de bar y del capuchino adquieren popularidad también en el extranjero. Las máquinas de café no pierden la ocasión de imponerse como símbolo de la cultura del espresso y perfecta concreción del célebre diseño italiano, apareciendo en los locales de todo el mundo: la electrónica lleva a una simplificación de uso unida a un cuidado y una excelencia antes inalcanzables. Con FAEMA Tronic, diseñada en 1983 por Ettore Sottsass y Aldo Cibic, nace la primera máquina electrónica que, con su panel de botones, permite dosificar la cantidad de café erogado. La apertura hacia mercados en los que la especialización del personal no es comparable a la italiana y el automatismo está más difundido, acelera el desarrollo de las máquinas "superautomáticas" de automatismo integral, capaces de erogar todo un menú de bebidas a base de café y leche fresca simplemente presionando un botón: el usuario directo puede garantizar un producto de calidad constante y, así, en cada rincón de la Tierra se puede disfrutar el espresso "como se hace en Italia". En esta sala se mezclan electrónica, juego, colores, accesorios, imágenes y máquinas que representaron una época que trasciende los años 80 hasta los 90. En 1991 la oficina técnica de FAEMA, en colaboración para la parte estética con Giugiaro Design, elabora un producto evolucionado en el sector de las máquinas tradicionales: la E91. Pueden admirar su diseño que se inspira en las líneas armoniosas del histórico modelo E61, así identificando un elemento de continuidad con la tradición de la empresa. Cìmbali lanza al mercado, a principios de los años noventa, la superautomática M50 Dolcevita, aquí expuesta, a la que es posible añadir un módulo frigorífico para la correcta conservación de la leche, equipando también el calientatazas con un esterilizador de lámpara UV como garantía de una higiene óptima. El advenimiento de la electrónica, por lo tanto, es cada vez más determinante en el desarrollo de la máquina de café espresso, porque permite mantener bajo control numerosos parámetros, mejorar las prestaciones y abrirse, en las décadas siguientes, a diversas posibilidades evolutivas, que podemos comenzar a apreciar en la próxima sala.
Negli anni Ottanta, l'Italia vive una fase di ripresa economica e sociale dopo le difficoltà degli anni Settanta. Vari fattori, como la reducción de los precios del petróleo, la caída del dólar, la disminución de los costos de la mano de obra, el apoyo público a las empresas y las innovaciones tecnológicas, contribuyen a este crecimiento. También las empresas públicas mejoran su situación. En 1986, Italia supera a Gran Bretaña en términos de PIB y renta per cápita. La sociedad italiana, impulsada por los jóvenes, adopta un estilo más colorido e internacional, inspirado en los ingleses y los estadounidenses, pero con una identidad propia. Moda y diseño impulsan la economía y el made in Italy se afirma en un mundo que se está volviendo cada vez más globalizado. También los fabricantes de máquinas de café se abren a los mercados internacionales, obteniendo un éxito prácticamente inmediato. Es el período en que la industria electrónica italiana, junto con la de las primeras computadoras, conquista los mercados. Lo mismo ocurre en el sector de las máquinas de café profesionales, con una elegancia, una personalidad y un estilo único, gracias a las creaciones de los principales diseñadores internacionales. Italia se vuelve cada vez más representativa como expresión de estilo y bien vivre, donde el ritual del café de bar y del capuchino adquieren popularidad también en el extranjero. Las máquinas de café no pierden la ocasión de imponerse como símbolo de la cultura del espresso y perfecta concreción del célebre diseño italiano, apareciendo en los locales de todo el mundo: la electrónica lleva a una simplificación de uso unida a un cuidado y una excelencia antes inalcanzables. Con FAEMA Tronic, diseñada en 1983 por Ettore Sottsass y Aldo Cibic, nace la primera máquina electrónica que, con su panel de botones, permite dosificar la cantidad de café erogado. La apertura hacia mercados en los que la especialización del personal no es comparable a la italiana y el automatismo está más difundido, acelera el desarrollo de las máquinas "superautomáticas" de automatismo integral, capaces de erogar todo un menú de bebidas a base de café y leche fresca simplemente presionando un botón: el usuario directo puede garantizar un producto de calidad constante y, así, en cada rincón de la Tierra se puede disfrutar el espresso "como se hace en Italia". En esta sala se mezclan electrónica, juego, colores, accesorios, imágenes y máquinas que representaron una época que trasciende los años 80 hasta los 90. En 1991 la oficina técnica de FAEMA, en colaboración para la parte estética con Giugiaro Design, elabora un producto evolucionado en el sector de las máquinas tradicionales: la E91. Pueden admirar su diseño que se inspira en las líneas armoniosas del histórico modelo E61, así identificando un elemento de continuidad con la tradición de la empresa. Cìmbali lanza al mercado, a principios de los años noventa, la superautomática M50 Dolcevita, aquí expuesta, a la que es posible añadir un módulo frigorífico para la correcta conservación de la leche, equipando también el calientatazas con un esterilizador de lámpara UV como garantía de una higiene óptima. El advenimiento de la electrónica, por lo tanto, es cada vez más determinante en el desarrollo de la máquina de café espresso, porque permite mantener bajo control numerosos parámetros, mejorar las prestaciones y abrirse, en las décadas siguientes, a diversas posibilidades evolutivas, que podemos comenzar a apreciar en la próxima sala.
Al pasar a la sexta sala nos trasladamos temporalmente a nuestro milenio, donde las palabras de orden se convierten en flexibilidad y responsabilidad. En las paredes de la sala, las grandes fotografías nos llevan a recorrer las últimas dos décadas de la contemporaneidad, al nacimiento del euro, a la conciencia de la necesidad de sostenibilidad, a las grandes innovaciones tecnológicas, como el telescopio espacial James Webb. La difusión del consumo de café a nivel mundial y los cambios en las dinámicas sociales influyen en las modalidades de consumo de la bebida social por excelencia. La llegada del nuevo milenio, teñida de grandes expectativas y grandes preocupaciones, ha cambiado drásticamente la visión y el orden mundial: de las Torres Gemelas a las crisis económicas, hasta llegar a la emergencia del cambio climático y de la pandemia, el paso ha sido tan breve como significativo. La tecnología, con velocidad exponencial, ha llegado en parte a erosionar la cultura y las relaciones interpersonales, pero no ciertamente el placer de la tacita de café. Los bares ya no son el único e indiscutido lugar de encuentro: un buen café o un capuchino se consumen también en la sala de espera de una estación o de un aeropuerto, en una librería o en una boutique, en cualquier parte del mundo. Los primeros años del nuevo milenio ven en las arquitecturas y en los ambientes comunes un regreso al minimalismo. Minimalismo que también se manifiesta en el mundo de las máquinas de café: líneas limpias, elegantes y esenciales, materiales casi satinados y de impacto caracterizan el diseño de la primera década del año dos mil, dirigido a una sociedad cada vez más veloz y exigente. Las máquinas profesionales se vuelven cada vez más flexibles y tecnológicamente avanzadas, con interfaces de usuario extremadamente sencillas, incluso táctiles, que conjugan el ahorro de energía con altas prestaciones, atestiguando una creciente conciencia del ambiente como lugar no solo para vivir, sino también para proteger. Precisamente para transmitir el conocimiento y la cultura del café y de las máquinas que lo elaboran, en 2012 Cìmbali Group inaugura el MUMAC, uniendo los archivos de la familia Cìmbali y del mayor coleccionista privado del mundo, Enrico Maltoni, reuniendo objetos que desde hace más de un siglo caracterizan nuestra cotidianidad y documentos que contribuyen a reconstruir la historia de todo un sector del made in Italy. Cìmbali Group ha llevado al mercado máquinas cuyo diseño es un juego de citas, como en el caso de la Cìmbali M100, colocada cerca del video en la sala, síntesis de la concepción de diseño industrial, diseñada por Valerio Cometti de V12 Design, la máquina se impone en el nuevo milenio, con líneas sobrias de elegancia y funcionalidad que ocultan tecnologías de altísimo nivel. Un tributo a la capacidad de atreverse en las formas debe reconocerse a la máquina Faema Emblema, diseño de Giugiaro. Las máquinas de hoy son súper tecnológicas tanto en su expresión tradicional (como M100 Attiva y FAEMA E71E, reconocida digna de entrar en el Index ADI 2019 y ganadora del Red Dot Design Award 2019), como en la superautomática (como la premiada por su diseño La Cìmbali S30 con el Red Dot Design Award en 2016 o la S15, inteligente en su uso y tecnología) que podrán ver en la próxima sala.
Al pasar a la sexta sala nos trasladamos temporalmente a nuestro milenio, donde las palabras de orden se convierten en flexibilidad y responsabilidad. En las paredes de la sala, las grandes fotografías nos llevan a recorrer las últimas dos décadas de la contemporaneidad, al nacimiento del euro, a la conciencia de la necesidad de sostenibilidad, a las grandes innovaciones tecnológicas, como el telescopio espacial James Webb. La difusión del consumo de café a nivel mundial y los cambios en las dinámicas sociales influyen en las modalidades de consumo de la bebida social por excelencia. La llegada del nuevo milenio, teñida de grandes expectativas y grandes preocupaciones, ha cambiado drásticamente la visión y el orden mundial: de las Torres Gemelas a las crisis económicas, hasta llegar a la emergencia del cambio climático y de la pandemia, el paso ha sido tan breve como significativo. La tecnología, con velocidad exponencial, ha llegado en parte a erosionar la cultura y las relaciones interpersonales, pero no ciertamente el placer de la tacita de café. Los bares ya no son el único e indiscutido lugar de encuentro: un buen café o un capuchino se consumen también en la sala de espera de una estación o de un aeropuerto, en una librería o en una boutique, en cualquier parte del mundo. Los primeros años del nuevo milenio ven en las arquitecturas y en los ambientes comunes un regreso al minimalismo. Minimalismo que también se manifiesta en el mundo de las máquinas de café: líneas limpias, elegantes y esenciales, materiales casi satinados y de impacto caracterizan el diseño de la primera década del año dos mil, dirigido a una sociedad cada vez más veloz y exigente. Las máquinas profesionales se vuelven cada vez más flexibles y tecnológicamente avanzadas, con interfaces de usuario extremadamente sencillas, incluso táctiles, que conjugan el ahorro de energía con altas prestaciones, atestiguando una creciente conciencia del ambiente como lugar no solo para vivir, sino también para proteger. Precisamente para transmitir el conocimiento y la cultura del café y de las máquinas que lo elaboran, en 2012 Cìmbali Group inaugura el MUMAC, uniendo los archivos de la familia Cìmbali y del mayor coleccionista privado del mundo, Enrico Maltoni, reuniendo objetos que desde hace más de un siglo caracterizan nuestra cotidianidad y documentos que contribuyen a reconstruir la historia de todo un sector del made in Italy. Cìmbali Group ha llevado al mercado máquinas cuyo diseño es un juego de citas, como en el caso de la Cìmbali M100, colocada cerca del video en la sala, síntesis de la concepción de diseño industrial, diseñada por Valerio Cometti de V12 Design, la máquina se impone en el nuevo milenio, con líneas sobrias de elegancia y funcionalidad que ocultan tecnologías de altísimo nivel. Un tributo a la capacidad de atreverse en las formas debe reconocerse a la máquina Faema Emblema, diseño de Giugiaro. Las máquinas de hoy son súper tecnológicas tanto en su expresión tradicional (como M100 Attiva y FAEMA E71E, reconocida digna de entrar en el Index ADI 2019 y ganadora del Red Dot Design Award 2019), como en la superautomática (como la premiada por su diseño La Cìmbali S30 con el Red Dot Design Award en 2016 o la S15, inteligente en su uso y tecnología) que podrán ver en la próxima sala.
En la última sala del museo, el Lab, memoria y futuro se mezclan en los iconos del tiempo. Entre nuevas y, al mismo tiempo, antiguas galaxias de conocimientos por explorar, en el pasado se esconde el futuro. Aquí les acogen verdaderas islas temáticas, llevándolos a dimensiones pasadas, presentes y futuras que se mezclan entre sí para hacer comprender los desafíos enfrentados a lo largo del tiempo por la empresa, entre ideas tecnológicas, innovaciones, responsabilidad social y cultural de empresa y logros alcanzados.
En la última sala del museo, el Lab, memoria y futuro se mezclan en los iconos del tiempo. Entre nuevas y, al mismo tiempo, antiguas galaxias de conocimientos por explorar, en el pasado se esconde el futuro. Aquí les acogen verdaderas islas temáticas, llevándolos a dimensiones pasadas, presentes y futuras que se mezclan entre sí para hacer comprender los desafíos enfrentados a lo largo del tiempo por la empresa, entre ideas tecnológicas, innovaciones, responsabilidad social y cultural de empresa y logros alcanzados. La representación de la unión entre presente, pasado y futuro está marcada por las fotografías en las paredes, provenientes de los telescopios Hubble y Webb, que nos llevan directamente dentro de un pasado tan remoto que ni siquiera es imaginable, pero obtenidas gracias a una tecnología tan innovadora que roza el futuro. Un nuevo espacio dedicado al vínculo infinito entre pasado, presente y futuro a través de seis islas temáticas que ilustran algunos de los temas más importantes para nuestra historia y la misión empresarial. La primera isla es la dedicada a Faema E61: la historia y el mito. Desde 1961, es la máquina más difundida y longeva, aquí expuesta en las dos versiones realizadas para su 60° aniversario, en 2021, y en la versión dedicada al Giro d'Italia, del cual desde 2022 Faema ha vuelto a ser sponsor. La segunda, cuenta la diferencia entre máquinas tradicionales y superautomáticas. La diferencia existe desde hace más de 50 años. La Pitàgora, que desde hace 60 años mantiene el imbatido récord de máquina de café ganadora del Compasso d'Oro, es una máquina "tradicional", donde el operador está llamado a realizar todas las operaciones para extraer el café, desde la molienda hasta el servicio; la Superbar, nacida algunos años después y basada en el mismo diseño, en 1969 es una de las primerísimas máquinas superautomáticas, es decir, aquellas máquinas donde la solicitud de la bebida se realiza simplemente presionando un botón que activa todas las operaciones de preparación. En la tercera isla, se exponen algunas producciones editoriales de la empresa del pasado. Instrumento de comunicación y divulgación, nacen para difundir la información de la empresa dentro de la misma o hacia el exterior, convirtiéndose en un retrato de la realidad. En la siguiente, cerca de la Cìmbali S15, se exhibe la "nariz electrónica", objeto que entre electrónica, ingenio y química, transforma la innovación en instrumento útil. El innovador software realizado por Cìmbali Group en colaboración con un spin-off de la Universidad de Brescia, en 2021 gana el Premio Innovación Smau. Para descubrir cómo funciona y para qué sirve, basta con enfocar el código QR que encuentran en el pie de foto. Antes de la siguiente isla, encuentran una especie de cubo negro. Este cubo "mágico" encierra en sí presente, pasado y futuro: presionando los distintos botones, algunos videos muestran el pasado de la empresa (en un video se encuentra al fundador Giuseppe Cìmbali, en otro, la construcción del sitio productivo en Binasco, en otro más, el archivo histórico digitalizado), su presente (con el diseño de M200) y la atención hacia el futuro con un enfoque en la sostenibilidad. Pero la magia se completa acercándose a la pantalla: mirando más allá de los videos y a través de la pantalla, se vislumbran objetos de referencia para la empresa: ¿los ven? En definitiva, aquí digital y analógico se unen, en un único objeto. Pasen ahora a la isla dedicada a molinos y molinos-dosificadores. Cuatro molinos-dosificadores para dos marcas: La Cìmbali, desde el Modelo 4/A de 1962 hasta el actual Elective; Faema, desde el FP de 1955 hasta el Groundbreaker de hoy. De la artesanía a la producción en serie con una tecnología para molinos cada vez más precisos. Hasta llegar a la molienda integrada en las máquinas, como en la superautomática S30 aquí expuesta, ganadora del premio Red Hot Award (diseño de Valerio Cometti). En la siguiente se habla de personalización: la flexibilidad y la posibilidad de personalizar las máscaras de la nueva Faema President, así como la de otras máquinas, hacen que las máquinas sean cada vez más integrables de manera original y personalizada en cualquier ambiente. En el penúltimo expositor, la sección dedicada al ámbito doméstico: ayer con Baby Faema, hoy con Faemina dotada de un grupo profesional, la marca Faema lleva al mercado doméstico un producto de altísimo nivel para un espresso como el del bar. En la última isla, la excelencia de la marca se expresa a través del rebranding de la máquina M200, actualmente en préstamo para la exposición Italia Geniale durante el tour mundial del Amerigo Vespucci, hasta 2025. La M200, realizada en 2021, es la máquina insignia de La Cìmbali, que representa el nuevo posicionamiento de la marca y una nueva historia de innovación y diseño. Con orgullo, Cìmbali Group y MUMAC fueron seleccionados para ser protagonistas de la exposición Italia Geniale. Design Enables - Belleza, originalidad, creatividad del diseño industrial apreciado universalmente, montada con ocasión del tour mundial del histórico velero, símbolo y emblema de la italianidad en el mundo. Y ahora aparten esos mil hilos rojos que ven bajar de la pared roja central: aquí palpita el corazón del museo donde Heritage y futuro se encuentran en una obra, una instalación suspendida entre tecnología, arte y diseño. Frente a ustedes encuentran el despiece de La Cìmbali M100, la máquina del Centenario. Aquí pueden realmente comprender la complejidad escondida detrás de lo que, solo aparentemente, es una simple tacita de café. Alma tecnológica, innovación, diseño revelan todas las manos y las mentes de una larga y compleja cadena hecha de materia prima, patentes, creatividad y espíritu emprendedor. Se dice que para tener un café en la propia tacita, la materia prima pasa por dos mil manos: la máquina tiene la responsabilidad de rendir honor y valor al trabajo de una larga cadena que nos permite cada día poder disfrutar de nuestro amado espresso. Les agradecemos por haber escuchado esta historia de pasión y excelencia italiana y les invitamos a permanecer en contacto con nosotros suscribiéndose a nuestro newsletter y descubriendo nuestros eventos en el sitio mumac.it y en nuestras redes sociales. ¡Los esperamos!