Exposición San Francisco
En el octavo centenario de la muerte de san Francisco, la ciudad de Arezzo celebra su especial relación con el santo a través de una exposición que narra la evolución de su imagen a lo largo de los siglos. Francisco, fallecido en 1226 y ya conocido en vida, es uno de los pocos santos cuya iconografía se estabiliza sobre la base de relatos de primera mano y de testimonios figurativos que, aunque idealizados, transmiten sus rasgos esenciales: la figura frágil marcada por los estigmas (es decir, las huellas de las llagas de Cristo durante la Pasión), el rostro modelado por los rigores de su elección de pobreza, el hábito oscuro entre el gris y el marrón, el cordón de tres nudos como cinturón. Precisamente a un pintor activo en Arezzo, Margarito, se deben algunas de las imágenes más antiguas del santo. Desde los siglos XIII y XIV hasta todo el siglo XV, los pintores no solo fijan con la mayor fidelidad posible el aspecto del santo, sino que también narran con abundancia de detalles sus hechos y sus milagros. Con el siglo XVI y sobre todo con el XVII, los pintores privilegian los momentos de la vida que mejor atestiguan su profunda espiritualidad: en meditación, en oración y en éxtasis. Si en el siglo XVIII la presencia de san Francisco en el arte conoce un progresivo declive, en el siglo XIX vuelve a estar en boga con toda su carga de intensa espiritualidad, pero es sobre todo en torno a 1926, séptimo centenario de la muerte, cuando la imagen de Francisco es objeto de gran interés para los artistas, gracias también a convocatorias públicas y exposiciones temáticas.
